Cómo elegir pareja

CÓMO ELEGIR PAREJA

Prólogo

En el curso de la historia, el hombre se ha esforzado siempre, sin éxito alguno, en prever su futuro. Esta necesidad aplicada al campo del amor y de los problemas de relación en una pareja, ha llevado a la proliferación de varias actividades sin fundamento científico, como la astrología, la cartomancia y la magia: todo un engaño y daño para personas ingenuas e indefensas. En realidad se puede hacer mucho más, sin invocar la influencia de los planetas o de los signos zodiacales, ni recurrir a la metafísica y la magia: el futuro de una nueva pareja está aquí, en nuestras manos, en los millones de parejas que ya han pasado la experiencia de vivir juntos.

¡El futuro de una nueva pareja está en las estadísticas de las que ya han pasado!

Por cada nueva pareja que se forma, por supuesto, existen miles y miles de otras iguales que ya han vivido esta experiencia. Entonces ¿Por qué dar un salto al vacío? Se trata solo de analizar lo que ha ocurrido en iguales parejas antecedentes, disfrutar su experiencia vivida y evitar incurrir en los mismos errores.

Esta es la substancia de este manual/guía: informar a la pareja de lo que les ha ocurrido a miles de parejas iguales (o casi iguales) y sacar las oportunas conclusiones. Traducido en términos estadísticos esto significa poder indicar a la pareja la probable calidad de vida de su futura relación.

Detrás de tal resultado se esconden años de estudio acerca de la conflictividad de parejas de todas las edades en varios países de diferentes culturas y religiones.

Introducción

Indagar y explicar un fenómeno tan extenso como el de la infelicidad de la pareja y de los sufrimientos y daños materiales que conlleva, es empresa difícil, donde ya han fallado, y fallan cada día, instituciones, leyes, y especialistas de fama. La dimensión de este fenómeno es tan grande y tan difuso en el interior de la sociedad, que cada uno debería intentar una contribución para solucionarlo. Nosotros hemos hecho nuestra parte elaborando este manual/guía.

Estábamos convencidos de que la infelicidad de una pareja en sus variados aspectos es, en la mayoría de los casos, el resultado de una combinación de las características personales de los dos protagonistas. Pensábamos también que atribuir la responsabilidad y la culpa del malestar y de la violencia en la pareja, al hombre “machista” era demasiado sencillo y superficial, porque, en nuestra opinión, las raíces del problema están mucho más dentro de nuestra naturaleza. Cada día se publican libros, artículos o se graban películas en esta dirección: todo se explica con la maldad del hombre “machista”. No es tan sencillo.

Opinamos también que la explicación del fenómeno de la infelicidad de la pareja está bien clavada dentro de millones de parejas conflictivas que se encuentran en la calle.Entonces, hemos analizado las características personales de un gran número de parejas reales llegando así al resultado que exponemos en este manual/guía.

Nuestro recorrido ha sido el opuesto al seguido normalmente: nada de teoría, sólo datos sacados de casos prácticos. El principio es sencillo, por ejemplo: si las estadísticas muestran que en el 90% de las parejas conflictivas las dos personas tienen ojos verdes, la presencia de ojos verdes en una pareja que está formándose puede considerarse como un factor de riesgo de un 90% y con este dato luego podemos hacer una previsión del destino de la pareja y de su futura calidad de vida.

Entonces, hemos analizado un número estadísticamente relevante de parejas en busca de una eventual relación entre las características personales de cada uno y la calidad de vida de la relación. Tal análisis ha confirmado el hecho de que la calidad de vida de una pareja, ya sea buena o mala, depende de la combinación de algunos factores personales de los dos protagonistas. Así hemos podido elaborar una guía que indica en términos estadísticos, la futura calidad de vida sobre la base de las características de las dos personas: un método de prevención de la infelicidad de pareja y en particular del riesgo de conflictividad y violencia.

Tiempo atrás, eran los sabios de la familia, los padres, los amigos íntimos, los que daban consejos en el momento de elegir una pareja, aún si entonces hablar de pareja significaba sencillamente “esposa” o “marido”. Hoy, la estructura de la familia tradicional, hecha de elecciones y de valores directos a salvaguardar el futuro, no existe casi y los padres y los familiares, ya no pueden o no les es permitido ayudar en esta elección. Hoy los educadores o los proveedores de informaciones son TV, cine, video juegos e Internet: verdaderos padres virtuales de la moderna juventud. De tal manera, jóvenes y menos jóvenes, hoy se encuentran solos al elegir una pareja y, a menudo, acaban por aceptar que un desconocido/a entre a formar parte de su vida, sin saber si esta relación constituye un riesgo para su calidad de vida futura.

Aclaramos que este manual/guía no quiere ser sólo una defensa de la mujer maltratada. Leyes e instituciones ya se ocupan de asistir y proteger a las mujeres con importantes inversiones y estructuras. Nosotros queremos hacer algo más importante: prevenir la infelicidad de las parejas en todas su manifestaciones hasta la última y más grave: la violencia de género. Tendremos un mayor número de parejas equilibradas, y sin violencia, y al final, el resultado más importante de todos: reducir el número de víctimas mortales, ya sean mujeres (sobre todo) u hombres.

Para conseguir este resultado tenemos que difundir nuestro método de forma correcta entre jóvenes y menos jóvenes, explicando el porqué de la infelicidad de pareja y las raíces de tantos sufrimientos. Por esto hemos elaborado el manual en la forma más sencilla posible, nada de teorías, y nada de términos científicos, para que el método sea conocido en todos los niveles sociales, sin importar la edad, cultura o educación.

El manual/guía enseña a todos los que podrían sufrir o que ya sufren por una relación infeliz cómo evitar los sufrimientos y las pérdidas materiales que tales relaciones comportan. Mujeres y hombres que ya viven una mala relación, son personas que han caído en el remolino de la recíproca desconfianza y del rencor. Entender las responsabilidades de este fracaso es imposible y, en todos los casos, inútil, pues son fuertes las convicciones de cada uno para justificar su actitud. La situación se vuelve más clara cuando se llega a la violencia física, porque en esto el hombre goza de una repugnante fama de agresor de su mujer que por ser novia, esposa, compañera o madre de sus hijos acaba siendo violada en el alma y en el cuerpo, y en su derecho de vivir.

¿Cómo puede ser que niños inocentes, de adultos, se vuelvan violadores y asesinos de su compañera, es decir hombres incapaces de aceptar la pérdida de la mujer y dejarla continuar su vida hacia un destino diferente? ¿Cómo puede ser que muchos de ellos después del crimen extremo contra su compañera se suicidan? Este manual intenta explicar todo esto, para salvar la vida a unos pocos, y evitar arruinarse la vida a muchos.Además tenemos que recordar que conflictividades, separaciones y divorcios afectan grandemente a la vida de los hijos y, de hecho, tienen un efecto bumerán en las futuras generaciones. Las estadísticas muestran que los hijos de parejas conflictivas, separadas o divorciadas presentan una probabilidad diez veces superior de desarrollar, a su vez, de adultos, relaciones conflictivas. Las mismas indicaciones se presentan en relación a casos de depresión y trastorno de interés psiquiátrico. La conflictividad de la pareja ha existido siempre en todo el mundo, sin distinción de cultura, religión o raza, pero sólo ahora, gracias a los medios de comunicación, se hace visible en toda su dramática dimensión, una verdadera lacra social. Es un fenómeno sumergido de enormes proporciones, que se acerca a los desastres más grandes de la humanidad, como guerras, epidemias o cataclismos naturales. Desde siempre, estamos acostumbrados a considerar la conflictividad y la violencia como un hecho privado de cada pareja, donde los demás no deben inmiscuirse. La noticia de que un hombre ha matado a su esposa y se ha suicidado, deja, después de la curiosidad del primer momento, totalmente indiferentes a los demás. Al contrario, se trata, a menudo, de un drama anunciado, que se ha desarrollado bajo los ojos de los demás y que podía ser evitado.

Pero las cosas ahora están cambiando. Los medios de comunicación están despertando la atención del gran público, las grandes instituciones internacionales como ONU y Organización Mundial de la Salud declaran la conflictividad de la pareja, particularmente la violencia contra la mujer, un problema real de salud pública; e incitan a los gobiernos a emitir nuevas leyes que contengan o reduzcan el problema. Percibimos las dimensiones de este fenómeno sumergido por factores externos como separaciones, divorcios y actos violentos, que, en realidad, son sólo la “punta del Iceberg” del problema. Según las estadísticas, por cada víctima mortal hay 2000 denuncias de maltrato y, además, la gran mayoría de los casos de violencia física o psicológica no son denunciados.

En relación a las víctimas mortales los Media dan una visión distorsionada de la gravedad del fenómeno. Se mencionan sólo las mujeres matadas por el hombre “machista”, 70 sólo en España cada año. Sería al contrario apropiado decir que el balance ha sido de (como ejemplo):

  • 70 mujeres asesinadas
  • 25 hombres suicidas
  • 4 niños matados por su padre
  • 85 padres (mayores) han perdido una hija/o
  • 45 hombres a la cárcel por el resto de su vida (o casi)
  • 50 niños huérfanos etc…

Para entender el tamaño del problema en la sola Europa, multipliquemos estos números por 10. En todo el mundo 100-200 veces peor. Además se calculan en millones el número de parejas infelices y conflictivas en cada país. Conflictividad en la pareja significa también estrés, y daños sobre la salud. ¿Qué daños se sufren por vivir en una pareja conflictiva durante años y años? Ciertamente muchos, pero no se elaboran suficientes estadísticas que relacionen problemas médicos como depresiones, gastritis, úlceras o molestias psicosomáticas, con la conflictividad de pareja. Intervenir sobre un mal tan extenso y tan intensamente arraigado en el comportamiento humano, se convierte en una gran misión. Harán falta generaciones para que la gente común pueda asimilar la idea de que la conflictividad de pareja es un riesgo grave para la calidad de vida y para la salud misma. Dedicamos mucha atención a evitar enfermedades o accidentes que puedan dañar nuestra salud física, pero dedicamos muy poca atención al elegir una pareja, que, si es equivocada, podría estropear nuestra vida para siempre.

Desafortunadamente, la conflictividad y la agresividad tienen raíces profundas en el instinto del hombre, y así ha existido en la psique humana (y animal) durante millones de años de evolución. En el inicio, estos eran los medios con los que Madre Naturaleza aseguraba la continuación de la especie y la familia funcionaba como un instrumento de primaria importancia para la supervivencia. Ahora, en cambio, nosotros, hombres de la edad tecnológica, del vivir civil y demócrata, entendemos que estos comportamientos instintivos implican un precio que no queremos continuar pagando. Necesitamos cambiar algunas reglas del juego y algunas modalidades instintivas en el modo de vivir y de relacionarnos con los otros. Hemos eliminado, por ejemplo, la obligación de apoyar los pies en la tierra, aprendiendo a volar, a vencer muchas enfermedades, a comunicar entre nosotros a grandes distancias, mas no conseguimos eliminar la violencia en nuestro comportamiento. ¿Por qué? Porque todos los avances tecnológicos son el fruto de nuestra mente racional, nuestra inteligencia, y, al contrario, la agresividad es un producto de nuestro cerebro primitivo. ¿Si no conseguimos eliminar estos instintos, por qué no intentar por lo menos evitar los daños que nos causan?

La naturaleza no lo sabe, pero hoy no es tan necesario agredir para sobrevivir, por lo tanto, aquellos instintos que en épocas tan remotas ayudaron, ahora ya no sirven, o sirven mucho menos. Sin embargo, Madre Naturaleza necesita millones de años para modificar la estructura psicológica de la especie. ¿Entonces eliminar agresividad y violencia en el hombre es una tarea sin esperanza?¡No, no es así! ¡El hombre tecnológico, sí que puede y lo hará muy pronto! En los próximos mil años, un plazo de tiempo irrelevante desde un punto de vista evolutivo, y siempre que no se autodestruya antes, la humanidad habrá alcanzado tal nivel tecnológico que será fácil eliminar agresividad y violencia de nuestro cerebro. Pero, hasta ese día, tenemos que actuar para evitar los efectos dañinos de nuestra naturaleza agresiva y violenta. Este manual/guía explica cómo conseguir este resultado por lo menos en la mayoría de los casos.